unrinconenelmargendeltallernocturno


"IF CITIES ARE NOT MEANT FOR CHILDREN, THEY ARE NOT MEANT FOR CITIZENS EITHER. IF THEY ARE NOT MEANT FOR CITIZENS THEY ARE NOT CITIES."

"Cities are chaotic and necessarily so. They are also kaleidoscopic. This should be accepted as a positive credo before it is too late. Order has no function, on this side of evil, other than to make what is essentially chaotic work."

Aldo van Eyck


Jonas escuchaba el hermoso rumor que producen los hombres. De tan lejos no llegaba a contrariar aquella fuerza jubilosa que se manifestaba en él, su arte, aquellos pensamientos que no podía comunicar, silenciosos para siempre pero que le elevaban por encima de todas las cosas, en una atmósfera libre y viva. Los niños corrían a través de las habitaciones, la niña reía, ahora Louise también reía, ella, cuya risa hacía tanto tiempo que no oía. ¡Les quería! ¡Cómo les quería! Apagó la lámpara y, de nuevo en la oscuridad, ¿no era aquella su buena estrella que regresaba? Era ella, podía reconocerla con el corazón henchido de gratitud, y seguía contemplándola cuando se cayó, sin ruido…

[Jonas o el artista en el trabajo, Albert Camus]


 

“Mientras habita en nosotros el genio, nos sentimos valientes, nos encontramos fantásticos, y no nos cuidamos de la vida, de la salud y del honor. Atravesamos el día más libremente, como un águila (…). Pero de pronto nos abandona, y con la misma prontitud se apodera de nosotros un miedo intenso. Ya no nos entendemos a nosotros mismos, sufrimos por lo vivido y por lo no vivido (…). Nos sentimos como lastimeras almas infantiles, que temen ante un crujido y una sombra.”

[Aurora, Friedrich Nietzsche]


 

“Me decía que aún si perdiera la fe en la vida, en la mujer amada y en el orden de las cosas, aun si me convenciera de que todo es un caos maldito y, quizá, satánico, aunque me fulminaran todos los horrores de la desilusión humana, a pesar de todo, desearía vivir; ¡puestos los labios en esta copa ya no los quitaré hasta apurarla! De todos modos, hacia los treinta años probablemente arrojaré la copa, aunque no haya vaciado su contenido, y me iré… no sé adónde. Pero hasta los treinta años, lo sé firmemente, todo lo vencerá mi juventud: desengaños y toda aversión a la vida. Muchas veces me he preguntado si existe en el mundo una desesperación capaz de vencer en mí esta sed de vivir, furiosa y, quizá, indecorosa, y he decidido que, al parecer, no existe, o sea, no existe hasta los treinta años; después, se me pasará esta sed, así me lo parece. A este afán de vivir, algunos moralistas, mentecatos y tísicos, sobre todo poetas, lo califican a menudo de vil. Este rasgo, esta sed de vivir a pesar de todo, es un rasgo en parte karamazoviano, y también se da en ti, no hay duda; pero ¿por qué ha de ser vil? Es todavía enorme la fuerza centrípeta de nuestro planeta, Aliosha. Hay ansias de vivir, y yo vivo, aun a despecho de la lógica. No importa que no crea en el orden de las cosas, pero me son caros los pegajosos brotes de los árboles que se abren en primavera, me gusta el cielo azul, me gustan ciertas personas a veces, ¿lo creerás?, sin saber a qué se debe mi afecto; me gusta el heroísmo humano, en el que, quizás, he dejado de creer hace tiempo, pero al que sigo honrando de corazón, por la fuerza de la costumbre…”

[Los hermanos Karamazov, Fiódor M Dostoievski]


 

“¡Ay! Anna Serguiéievna, vamos a ser sinceros. Ha llegado mi fin. He caído bajo la rueda. Resulta que fue inútil pensar en el futuro. La muerte es una broma conocida y una novedad para todos. Hasta ahora no he tenido miedo… y luego vendrá la insconsciencia y ¡paf! -hizo un gesto leve con la mano-. Bueno, ¿qué más puedo decirle?… ¡La he amado! Eso no tenía ningún sentido entonces, y mucho menos ahora. El amor es forma, y mi propia forma empieza a descomponerse. Mejor le diré que es usted maravillosa. Y ahora que está usted ahí de pie, tan bella…

(…) ¡Oh, qué cerca y qué joven! ¡Sana y pura! ¡En esta asquerosa habitación! Así que, ¡adiós! Le deseo que viva mucho, eso es lo mejor, y aproveche la vida mientras haya tiempo. Mire qué espectáculo tan repelent: un gusano medio aplastado, y aún colea. Yo también pensaba que tenía mucho que hacer en la vida. No me iba a morir, ¿de qué? ¡Tenía que resolver un problema! Yo era un gigante, y ahora todo el problema del gigante consiste en hallar la forma de morir de un modo decoroso, aunque eso no le incumba a nadie… Es lo mismo, no me voy a arrastrar…

(…) Me olvidará usted. El muerto no es un compañero para el vivo. Mi padre le dirá que, ¡figúrese!, hay que ver el hombre que pierde Rusia… Eso es una bobada; pero no disuada al viejo. Ya sabe usted… con qué no se consolaría el hombre, y muéstrele cariño a mi madre. Porque personas como ellos, en su gran mundo de usted, no se encuentran hoy ni con candil… Le hago falta a Rusia… No, está visto que no le hago falta; ¿y quién hace falta?”

[Padres e hijos, Ivan S. Turgueniev]


 

“Entre mi trabajo personal, que quiero continuar contra viento y marea, la editorial y el periodismo con todas las obligaciones subsiguientes, llego constantemente tarde a todo. Sin embargo, voy a continuar así aún por algún tiempo porque esta agitación es lo único que he encontrado como remedio a la grave crisis en la que estaba sumido; después volveré a llevar una vida más razonable.”

[Correspondencia, Albert Camus]

 

Solitario o solidario.

[Jonas o el Artista en el Trabajo, Albert Camus]

 


 

“Sólo estoy bien cuando, en un cierto sentido, me encuentro entusiasmado. Y luego vuelvo a tener miedo de que ese entusiasmo se desmorone.”

“La mejor situación para mí es la del entusiasmo, porque, al menos en parte, consume & neutraliza las ideas ridículas”

[Movimiento del pensar, Ludwig Wittgenstein]


 

Queda tiempo, mucho tiempo, incalculable. Tiempo es lo mejor, lo más personal que podemos dar. Nuestro regalo preferido es el reloj de arena. El agujero a través del cual se escurre la rojiza arenilla es tan fino que el ojo no consigue percibir cómo va disminuyendo el contenido de la cavidad superior. Sólo al final parece precipitarse el movimiento.Pero el final está lejos, tan grande es la estrechez del agujerito. Lejos, muy lejos. No vale la pena de hablar ni de pensar en ello. Pero el reloj está en movimiento, la arena ha empezado a escurrirse, y de esto quiero hablar contigo, precisamente.

… Vendemos tiempo -pongamos veinticuatro años. ¿Es esto calculable? ¿Es una masa importante? Uno puede vivirlos de cualquier modo, como una bestia, o asustar al mundo por sus artes diabólicas como un gran nigromántico. Otro puede olvidar, y cada día más, a medida que pasa el tiempo, toda claudicación, superarse a sí mismo sin dejar de ser el mismo sino al contrario, siendo el mismo más que nunca, situado en su nivel natural gracias a la media botella de champaña, y en ese estado de embriaguez gozar de todos los placeres que dispensa una infusión vital casi insoportable, en forma que, con más o menos razón, llega a convencerse de que tal infusión no se había dado en el mundo desde miles de años. En los momentos de mayor libertad, de más gran desenfreno, puede llegar a creerse un dios. ¿Cómo ha de preocuparse un hombre así del momento en que habrá que pensar en el final? Pero eso sí: el final es nuestro, al fin es nuestro, y esto hay que convenirlo, no sólo tácitamente, sino de hombre a hombre y de un modo expreso, aunque permanezca estrictamente secreto.

Yo: - Lo que queréis, pues, es venderme tiempo?

Él: -¿Tiempo? ¿Así, sin más?  No, mi querido amigo, esa mercadería no sería digna del diablo. No justificaría que exigiéramos por precio el fin. Lo que importa es la clase de tiempo. Gran tiempo, frenético, diabólico, con todos los goces y placeres imaginables, y también con sus pequeñas miserias, sus pequeñas y sus grandes, lo concedo, y no sólo lo concedo, lo subrayo con orgullo, porque entiendo que es algo conforme a la naturaleza del artista y a su carácter. El artista tiende a lo extremado, a la exageración en ambos sentidos. A grandes bandazos oscila el péndulo entre la exaltación y la melancolía. Pero todo esto es vulgar al lado de las experiencias que nosotros podemos procurar. Se trata de llegar a los verdaderos extremos y eso es lo que suscitamos: ascensiones, iluminaciones, privaciones y desbordamientos, sensaciones de libertad, de seguridad de sí mismo, de ligereza, de poder y de triunfo, tales que nuestro hombre llega a dudar de sus propios sentidos (sin contar la propia admiración por lo creado), una admiración sin límites que le permite prescindir fácilmente de la admiración de los demás; el amor escalofriante de sí mismo, acompañado de un delicioso temor, bajo cuya influencia vive con la ilusión de ser un vocero encantado, un monstruo divino. Y vienen también, ocasionalmente, los profundos descensos, de una augusta profundidad, no sólo en el vacío, en el desierto, en la impotente tristeza, sino en el dolor y en la náusea, dolores ya conocidos, naturales, congénitos, pero agudizados por la iluminación. Son dolores que se aceptan con orgullosa satisfacción en pago de lo sublime que han sido los goces, dolores legendarios como los de la sirena que deja la cola para adquirir piernas de mujer y cree llevar cuchillos clavados en ellas.

… Una inspiración de pleno placer, verdaderamente transportada por la fe y libre de dudas, una inspiración que no dé margen para elegir, para corregir, para manipular, en la que todo sea dictado del espíritu; una inspiración paralizante y estremecedora, sublime escalofrío que convulsiona al inspirado desde la punta de los pelos hasta la punta de los pies y alumbra en sus ojos un torrente de felices lágrimas -una inspiración así no puede darla Dios, que tanto campo libre deja a la razón, y sí sólo el Diablo, gran Señor del entusiasmo.

[Doktor Faustus, Thomas Mann]


 

Wittgenstein escribía en uno de sus diarios: “los libros me calman”, y mientras la cabeza de quien maneja este rincón vuela por otros lares, y busca la manera de hacer un pacto con el diablo para ganar más tiempo y hacer todo lo que ansía hacer, reflejo aquí algunos textos de los que me calman. Con la esperanza de calmar otras mentes, y para no caer en el silencio total.

eterna sombra

YO QUE CREÍ que la luz era mía
precipitado en la sombra me veo.
Ascua solar, sideral alegría
ígnea de espuma, de luz, de deseo.

Sangre ligera, redonda, granada:
raudo anhelar sin perfil ni penumbra.
Fuera, la luz en la luz sepultada.
Siento que sólo la sombra me alumbra.

 

Sólo la sombra. Sin astro. Sin cielo.
Seres. Volúmenes. Cuerpos tangibles
dentro del aire que no tiene vuelo,
dentro del árbol de los imposibles.

 

Cárdenos ceños, pasiones de luto.
Dientes sedientos de ser colorados.
Oscuridad de rencor absoluto.
Cuerpos lo mismo que pozos cegados.

 

Falta el espacio. Se ha hundido la risa.
Ya no es posible lanzarse a la altura.
El corazón quiere ser más de prisa
fuerza que ensancha la estrecha negrura.

 

Carne sin norte que va en oleada
hacia la noche siniestra, baldía.
¿Quién es el rayo de sol que la invada?
Busco. No encuentro ni rastro del día.

 

Sólo el fulgor de los puños cerrados,
el resplandor de los dientes que acechan.
Dientes y puños de todos los lados.
Más que las manos, los montes se estrechan.

 

Turbia es la lucha sin sed de mañana.
¡Qué lejanía de opacos latidos!
Soy una cárcel con una ventana
ante una gran soledad de rugidos.

 

Soy una abierta ventana que escucha,
por donde va tenebrosa la vida.
Pero hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida.

Miguel Hernández


 

Un par de alas [portada]

Un par de alas [En el baño…] Un par de alas [Bici…] Un par de alas [Pelos…]

:,)


 

Las imágenes de Evans me encantan porque me llevan a ese mundo magnífico que es el del metro. Mundo con el que Cortázar me conquistó en dos de sus mejores cuentos, El Perseguidor y el Manuscrito encontrado en un bolsillo.

De El perseguidor:

-Esto del tiempo es complicado, me agarra por todos lados. Me empiezo a dar cuenta poco a poco de que el tiempo no es como una bolsa que se rellena. Quiero decir que aunque cambie el relleno, en la bolsa no cabe más que una cantidad y se acabó. ¿Ves mi valija, Bruno? Caben dos trajes, y dos pares de zapatos. Bueno, ahora imagínate que la vacías y después vas a poner de nuevo los dos trajes y los dos pares de zapatos, y entonces te das cuenta de que solamente caben un traje y un par de zapatos. Pero lo mejor no es eso. Lo mejor es cuando te das cuenta de que puedes meter una tienda entera en la valija, cientos y cientos de trajes, como yo meto la música en el tiempo cuando estoy tocando, a veces. La música y lo que pienso cuando viajo en el métro.
-Cuándo viajas en el métro.
-Eh, sí, ahí está la cosa -ha dicho socarronamente Johnny-. El métro es un gran invento, Bruno. Viajando en el métro te das cuenta de todo lo que podría caber en la valija. A lo mejor no perdí el saxo en el métro, a lo mejor…
Se echa a reír, tose, y Dédée lo mira inquieta. Pero él hace gestos, se ríe y tose mezclando todo, sacudiéndose debajo de la frazada como un chimpancé. Le caen lágrimas y se las bebe, siempre riendo.
-Mejor es no confundir las cosas -dice después de un rato-. Lo perdí y se acabó. Pero el métro me ha servido para darme cuenta del truco de la valija. Mira, esto de las cosas elásticas es muy raro, yo lo siento en todas partes. Todo es elástico, chico. Las cosas que parecen duras tienen una elasticidad…
Piensa, concentrándose.
-…una elasticidad retardada -agrega sorprendentemente. Yo hago un gesto de admiración aprobatoria. Bravo, Johnny. El hombre que dice que no es capaz de pensar. Vaya con Johnny. Y ahora estoy realmente interesado por lo que va a decir, y él se da cuenta y me mira más socarronamente que nunca.

(…)  -Bueno, de acuerdo, pero antes le voy a contar lo del métro a Bruno. El otro día me di bien cuenta de lo que pasaba. Me puse a pensar en mi vieja, después en Lan y los chicos, y claro, al momento me parecía que estaba caminando por mi barrio, y veía las caras de los muchachos, los de aquel tiempo. No era pensar, me parece que ya te he dicho muchas veces que yo no pienso nunca; estoy como parado en una esquina viendo pasar lo que pienso, pero no pienso lo que veo. ¿Té das cuenta? Jim dice que todos somos iguales, que en general (así dice) uno no piensa por su cuenta. Pongamos que sea así, la cuestión es que yo había tomado el métro en la estación de Saint-Michel y en seguida me puse a pensar en Lan y los chicos, y a ver el barrio. Apenas me senté me puse a pensar en ellos. Pero al mismo tiempo me daba cuenta de que estaba en el métro, y vi que al cabo de un minuto más o menos llegábamos a Odéon, y que la gente entraba y salía. Entonces seguí pensando en Lan y vi a mi vieja cuando volvía de hacer las compras, y empecé a verlos a todos, a estar con ellos de una manera hermosísima, como hacia mucho que no sentía. Los recuerdos son siempre un asco, pero esta vez me gustaba pensar en los chicos y verlos. Si me pongo a contarte todo lo que vi no lo vas a creer porque tendría para rato. Y eso que ahorraría detalles. Por ejemplo, para decirte una sola cosa, veía a Lan con un vestido verde que se ponía cuando iba al Club 33 donde yo tocaba con Hamp. Veía el vestido con unas cintas, un moño, una especie de adorno al costado y un cuello… No al mismo tiempo, sino que en realidad me estaba paseando alrededor del vestido de Lan y lo miraba despacio. Y después miré la cara de Lan y la de los chicos, y después me acordé de Mike que vivía en la pieza de al lado, y cómo Mike me había contado la historia de unos caballos salvajes en Colorado, y él que trabajaba en un rancho y hablaba sacando pecho como los domadores de caballos…
-Johnny -ha dicho Dédée desde su rincón.
-Fíjate que solamente te cuento un pedacito de todo lo que estaba pensando y viendo. ¿Cuánto hará que te estoy contando este pedacito?
-No sé, pongamos unos dos minutos.
-Pongamos unos dos minutos -remeda Johnny-. Dos minutos y te he contado un pedacito nada más. Si te contara todo lo que les vi hacer a los chicos, y cómo Hamp tocaba Save it, pretty mamma y yo escuchaba cada nota, entiendes, cada nota, y Hamp no es de los que se cansan, y si te contara que también le oí a mi vieja una oración larguísima, donde hablaba de repollos, me parece, pedía perdón por mi viejo y por mí y decía algo de unos repollos… Bueno, si te contara en detalle todo eso, pasarían más de dos minutos, ¿eh, Bruno?
-Si realmente escuchaste y viste todo eso, pasaría un buen cuarto de hora -le he dicho, riéndome.
-Pasaría un buen cuarto de hora, eh, Bruno. Entonces me vas a decir cómo puede ser que de repente siento que el métro se para y yo me salgo de mi vieja y Lan y todo aquello, y veo que estamos en Saint-Germain-des-Prés, que queda justo a un minuto y medio de Odéon.
Nunca me preocupo demasiado por las cosas que dice Johnny pero ahora, con su manera de mirarme, he sentido frío.
-Apenas un minuto y medio por tu tiempo, por el tiempo de ésa -ha dicho rencorosamente Johnny-. Y también por el del métro y el de mi reloj, malditos sean. Entonces, ¿cómo puede ser que yo haya estado pensando un cuarto de hora, eh, Bruno? ¿Cómo se puede pensar un cuarto de hora en un minuto y medio? Te juro que ese día no había fumado ni un pedacito ni una hojita -agrega como un chico que se excusa-. Y después me ha vuelto a suceder, ahora me empieza a suceder en todas partes. Pero -agrega astutamente- sólo en el métro me puedo dar cuenta porque viajar en el métro es como estar metido en un reloj. Las estaciones son los minutos, comprendes, es ese tiempo de ustedes, de ahora; pero yo sé que hay otro, y he estado pensando, pensando…

Y un enlace al Manuscrito hallado en un bolsillo, una joya.


 

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POR LOS OJOS

    ESCUCHANDO

    Abd al Malik: DANTE - GIBRALTAR

     …le temps presse et c’est pas repeindre les murs qu’il faut mais mettre la lumière dans les êtres…

    quand je croisais papa, le matin, aller travailler avec sa 102 bleue / en rentrant, le matin, de soirée, j’me disais “c’est un bonhomme mon vieux” / ensuite, j’me faufilais dans mes couvertures et j’dormais toute la journée / le style “Vampire” dormir la journée et rôder une fois le soleil couché / le genre de prédateur à l’envers, le genre qui à la vue d’un poulet meurt de peur …

    …circule petit, circule / Parce qu’on risque de t’écraser si on te voit pas petit / Tu sais beaucoup sont morts parce qu’ils étaient pas en accord avec eux-mêmes / Parce qu’ils voulaient juste être raccord avec le décor / Parce qu’on supporte pas de pas faire corps avec le reste / Avec le reste on se sent être, on se sent plus fier / C’est pas la rue en elle-même, c’est pas juste la cité HLM / C’est la perception qu’on a de nous à travers elle / C’est la perception qu’on a de nous-mêmes au travers d’elle…

    La rue est devenue le plus grand théâtre de l’absurde / Obscur comme ma peau dans le regard d’une ordure / Poétiser la merde n’en change pas la nature / Mais j’ai transcendé la banlieue avec ma plume / Le CID en version black appelle-moi Othello, / Style de rap expressionniste, comme Pablo époque bleue / J’ai le blues comme BB king / Ma bibliothèque, mes livres sont mes seuls bling bling. / Et tu le sais….

    …pourquoi toujours chercher ce qui nos separe?