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"IF CITIES ARE NOT MEANT FOR CHILDREN, THEY ARE NOT MEANT FOR CITIZENS EITHER. IF THEY ARE NOT MEANT FOR CITIZENS THEY ARE NOT CITIES."

"Cities are chaotic and necessarily so. They are also kaleidoscopic. This should be accepted as a positive credo before it is too late. Order has no function, on this side of evil, other than to make what is essentially chaotic work."

Aldo van Eyck


“Mientras habita en nosotros el genio, nos sentimos valientes, nos encontramos fantásticos, y no nos cuidamos de la vida, de la salud y del honor. Atravesamos el día más libremente, como un águila (…). Pero de pronto nos abandona, y con la misma prontitud se apodera de nosotros un miedo intenso. Ya no nos entendemos a nosotros mismos, sufrimos por lo vivido y por lo no vivido (…). Nos sentimos como lastimeras almas infantiles, que temen ante un crujido y una sombra.”

[Aurora, Friedrich Nietzsche]


 

“Me decía que aún si perdiera la fe en la vida, en la mujer amada y en el orden de las cosas, aun si me convenciera de que todo es un caos maldito y, quizá, satánico, aunque me fulminaran todos los horrores de la desilusión humana, a pesar de todo, desearía vivir; ¡puestos los labios en esta copa ya no los quitaré hasta apurarla! De todos modos, hacia los treinta años probablemente arrojaré la copa, aunque no haya vaciado su contenido, y me iré… no sé adónde. Pero hasta los treinta años, lo sé firmemente, todo lo vencerá mi juventud: desengaños y toda aversión a la vida. Muchas veces me he preguntado si existe en el mundo una desesperación capaz de vencer en mí esta sed de vivir, furiosa y, quizá, indecorosa, y he decidido que, al parecer, no existe, o sea, no existe hasta los treinta años; después, se me pasará esta sed, así me lo parece. A este afán de vivir, algunos moralistas, mentecatos y tísicos, sobre todo poetas, lo califican a menudo de vil. Este rasgo, esta sed de vivir a pesar de todo, es un rasgo en parte karamazoviano, y también se da en ti, no hay duda; pero ¿por qué ha de ser vil? Es todavía enorme la fuerza centrípeta de nuestro planeta, Aliosha. Hay ansias de vivir, y yo vivo, aun a despecho de la lógica. No importa que no crea en el orden de las cosas, pero me son caros los pegajosos brotes de los árboles que se abren en primavera, me gusta el cielo azul, me gustan ciertas personas a veces, ¿lo creerás?, sin saber a qué se debe mi afecto; me gusta el heroísmo humano, en el que, quizás, he dejado de creer hace tiempo, pero al que sigo honrando de corazón, por la fuerza de la costumbre…”

[Los hermanos Karamazov, Fiódor M Dostoievski]


 

“¡Ay! Anna Serguiéievna, vamos a ser sinceros. Ha llegado mi fin. He caído bajo la rueda. Resulta que fue inútil pensar en el futuro. La muerte es una broma conocida y una novedad para todos. Hasta ahora no he tenido miedo… y luego vendrá la insconsciencia y ¡paf! -hizo un gesto leve con la mano-. Bueno, ¿qué más puedo decirle?… ¡La he amado! Eso no tenía ningún sentido entonces, y mucho menos ahora. El amor es forma, y mi propia forma empieza a descomponerse. Mejor le diré que es usted maravillosa. Y ahora que está usted ahí de pie, tan bella…

(…) ¡Oh, qué cerca y qué joven! ¡Sana y pura! ¡En esta asquerosa habitación! Así que, ¡adiós! Le deseo que viva mucho, eso es lo mejor, y aproveche la vida mientras haya tiempo. Mire qué espectáculo tan repelent: un gusano medio aplastado, y aún colea. Yo también pensaba que tenía mucho que hacer en la vida. No me iba a morir, ¿de qué? ¡Tenía que resolver un problema! Yo era un gigante, y ahora todo el problema del gigante consiste en hallar la forma de morir de un modo decoroso, aunque eso no le incumba a nadie… Es lo mismo, no me voy a arrastrar…

(…) Me olvidará usted. El muerto no es un compañero para el vivo. Mi padre le dirá que, ¡figúrese!, hay que ver el hombre que pierde Rusia… Eso es una bobada; pero no disuada al viejo. Ya sabe usted… con qué no se consolaría el hombre, y muéstrele cariño a mi madre. Porque personas como ellos, en su gran mundo de usted, no se encuentran hoy ni con candil… Le hago falta a Rusia… No, está visto que no le hago falta; ¿y quién hace falta?”

[Padres e hijos, Ivan S. Turgueniev]


 

“Entre mi trabajo personal, que quiero continuar contra viento y marea, la editorial y el periodismo con todas las obligaciones subsiguientes, llego constantemente tarde a todo. Sin embargo, voy a continuar así aún por algún tiempo porque esta agitación es lo único que he encontrado como remedio a la grave crisis en la que estaba sumido; después volveré a llevar una vida más razonable.”

[Correspondencia, Albert Camus]

 

Solitario o solidario.

[Jonas o el Artista en el Trabajo, Albert Camus]

 


 

“Sólo estoy bien cuando, en un cierto sentido, me encuentro entusiasmado. Y luego vuelvo a tener miedo de que ese entusiasmo se desmorone.”

“La mejor situación para mí es la del entusiasmo, porque, al menos en parte, consume & neutraliza las ideas ridículas”

[Movimiento del pensar, Ludwig Wittgenstein]


 

Queda tiempo, mucho tiempo, incalculable. Tiempo es lo mejor, lo más personal que podemos dar. Nuestro regalo preferido es el reloj de arena. El agujero a través del cual se escurre la rojiza arenilla es tan fino que el ojo no consigue percibir cómo va disminuyendo el contenido de la cavidad superior. Sólo al final parece precipitarse el movimiento.Pero el final está lejos, tan grande es la estrechez del agujerito. Lejos, muy lejos. No vale la pena de hablar ni de pensar en ello. Pero el reloj está en movimiento, la arena ha empezado a escurrirse, y de esto quiero hablar contigo, precisamente.

… Vendemos tiempo -pongamos veinticuatro años. ¿Es esto calculable? ¿Es una masa importante? Uno puede vivirlos de cualquier modo, como una bestia, o asustar al mundo por sus artes diabólicas como un gran nigromántico. Otro puede olvidar, y cada día más, a medida que pasa el tiempo, toda claudicación, superarse a sí mismo sin dejar de ser el mismo sino al contrario, siendo el mismo más que nunca, situado en su nivel natural gracias a la media botella de champaña, y en ese estado de embriaguez gozar de todos los placeres que dispensa una infusión vital casi insoportable, en forma que, con más o menos razón, llega a convencerse de que tal infusión no se había dado en el mundo desde miles de años. En los momentos de mayor libertad, de más gran desenfreno, puede llegar a creerse un dios. ¿Cómo ha de preocuparse un hombre así del momento en que habrá que pensar en el final? Pero eso sí: el final es nuestro, al fin es nuestro, y esto hay que convenirlo, no sólo tácitamente, sino de hombre a hombre y de un modo expreso, aunque permanezca estrictamente secreto.

Yo: - Lo que queréis, pues, es venderme tiempo?

Él: -¿Tiempo? ¿Así, sin más?  No, mi querido amigo, esa mercadería no sería digna del diablo. No justificaría que exigiéramos por precio el fin. Lo que importa es la clase de tiempo. Gran tiempo, frenético, diabólico, con todos los goces y placeres imaginables, y también con sus pequeñas miserias, sus pequeñas y sus grandes, lo concedo, y no sólo lo concedo, lo subrayo con orgullo, porque entiendo que es algo conforme a la naturaleza del artista y a su carácter. El artista tiende a lo extremado, a la exageración en ambos sentidos. A grandes bandazos oscila el péndulo entre la exaltación y la melancolía. Pero todo esto es vulgar al lado de las experiencias que nosotros podemos procurar. Se trata de llegar a los verdaderos extremos y eso es lo que suscitamos: ascensiones, iluminaciones, privaciones y desbordamientos, sensaciones de libertad, de seguridad de sí mismo, de ligereza, de poder y de triunfo, tales que nuestro hombre llega a dudar de sus propios sentidos (sin contar la propia admiración por lo creado), una admiración sin límites que le permite prescindir fácilmente de la admiración de los demás; el amor escalofriante de sí mismo, acompañado de un delicioso temor, bajo cuya influencia vive con la ilusión de ser un vocero encantado, un monstruo divino. Y vienen también, ocasionalmente, los profundos descensos, de una augusta profundidad, no sólo en el vacío, en el desierto, en la impotente tristeza, sino en el dolor y en la náusea, dolores ya conocidos, naturales, congénitos, pero agudizados por la iluminación. Son dolores que se aceptan con orgullosa satisfacción en pago de lo sublime que han sido los goces, dolores legendarios como los de la sirena que deja la cola para adquirir piernas de mujer y cree llevar cuchillos clavados en ellas.

… Una inspiración de pleno placer, verdaderamente transportada por la fe y libre de dudas, una inspiración que no dé margen para elegir, para corregir, para manipular, en la que todo sea dictado del espíritu; una inspiración paralizante y estremecedora, sublime escalofrío que convulsiona al inspirado desde la punta de los pelos hasta la punta de los pies y alumbra en sus ojos un torrente de felices lágrimas -una inspiración así no puede darla Dios, que tanto campo libre deja a la razón, y sí sólo el Diablo, gran Señor del entusiasmo.

[Doktor Faustus, Thomas Mann]


 

“En la biblioteca escolar te dan un libro. El reparto se efectúa en los cursos elementales. Sólo de vez en cuando te atreves a formular un deseo. A menudo ves con envidia cómo libros ardientemente deseados van a parar a otras manos. Por fin te traían el tuyo. Durante una semana quedabas totalmente a merced de los vaivenes del texto que, suave y misterioso, denso e incesante, te iba envolviendo como un torbellino de nieve. En él entrabas con una confianza ilimitada. ¡Silencio del libro, cuyo poder de seducción era infinito! Su contenido no era tan importante. Pues la lectura coincidía aún con la época en que tú mismo inventabas en la cama tus propias historias. El niño intenta seguir sus trazas ya medio borradas. Se tapa los oídos al leer; su libro descansa sobre la mesa, demasiado alta, y una de las manos está siempre encima de la página. Para él, las aventuras del héroe se han de leer todavía entre el torbellino de las letras, como figura y mensaje entre la agitación de los copos. Respira el mismo aire de los acontecimientos, y todos los personajes le empañan con su aliento. Entre ellos se pierde con mucha más facilidad que un adulto. Las aventuras y las palabras intercambiadas le afectan de un grado indecible, y, al levantarse, está enteramente cubierto por la nieve de la lectura.”

Walter Benjamin
Dirección única


 

“Resulta necio devanarse pedantemente los sesos sobre la fabricación de objetos -material ilustrativo, juguetes o libros- destinados a los niños. Desde la Ilustración, ésta viene siendo una de las especulaciones más mohosas de los pedagogos. Su fatuo apasionamiento por la psicología les impide advertir que la Tierra está repleta de los más incomparables objetos que se ofrecen a la atención y actividad infantiles. Y objetos concretísimos. Pues, de hecho, los niños tienden de modo muy particular a frecuentar cualquier sitio donde se trabaje a ojos vistas con las cosas. Se sienten irresistiblemente atraídos por los desechos provenientes de la construcción, jardinería, labores domésticas y de costura o carpintería. En los productos residuales reconocen el rostro que el mundo de los objetos les devuelve precisamente, y sólo, a ellos. Los utilizan no tanto para reproducir las obras de los adultos, como para relacionar entre sí, de manera nueva y caprichosa, materiales de muy diverso tipo… Los mismos niños se construyen así su propio mundo objetual, un mundo pequeño dentro del grande… Habría que tener presentes las normas de este pequeño mundo objetual si se quiere crear intencionadamente cosas para los niños…”

Walter Benjamin
Dirección única


 

Un par de alas [portada]

Un par de alas [En el baño…] Un par de alas [Bici…] Un par de alas [Pelos…]

:,)


 

Adventure Playgrounds:

C. Th. Sørensen, a Danish landscape architect, noticed that children preferred to play everywhere but in the playgrounds that he built. In 1931, he imagined “A junk playground in which children could create and shape, dream and imagine a reality.” Why not give children in the city the same chances for play as those in the country? His initial ideas started the adventure playground movement.

Carl Theodor Sørensen en 1935:

“Finally we should probably at some point experiment with what one could call a junk playground. I am thinking in terms of an area, not too small in size, well closed off from its surroundings by thick greenery, where we should gather, for the amusement of bigger children, all sorts of old scrap that the children from the apartment blocks could be allowed to work with, as the children in the countryside and in the suburbs already have. There could be branches and waste from tree polling and bushes, old cardboard boxes, planks and boards, “dead” cars, old tyres and lots of other things, which would be a joy for healthy boys to use for something. Of course it would look terrible, and of course some kind of order would have to be maintained; but I believe that things would not need to go radically wrong with that sort of situation. If there were really a lot of space, one is tempted to imagine tiny little kindergartens, keeping hens and the like, but it would at all events require an interested adult supervisor…”

John Bertelsen en 1946:

“The adventure playground is an attempt to give the city child a substitute for the play and development potential it has lost as the city has become a place where there is no space for the child’s imagination and play. Access to all building sites is forbidden to unauthorized persons, there are no trees where the children can climb and play Tarzan. The railway station grounds and the common, where they used to be able to fight great battles and have strange adventures, do not exist any more. No! It is now not easy to be a child in the city when you feel the urge to be a caveman or a bushman”.

Roy Kozlovsky en Adventure Playgrounds and Postwar Reconstruction (pdf):

Yet children’s activities inside the playground’s premises did not correspond with the artistic status of the playground as a landscape. Hence Sørensen’s admission that “of all the things I have helped to realize, the junk playground is the ugliest; yet for me it is the best and most beautiful of my works.” The anti-aesthetic position of the playground was most pronounced in its appropriation of junk as desirable play material. Emdrup’s first play leader, John Bertelsen, coined the term junkology to describe the activity of children. He defined it as the inversion of social values where “all pedagogical and occupational ideas were quickly turned upside down, becoming junkology.”


 

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LEÍDO/LEYENDO


POR LOS OJOS

    ESCUCHANDO

    Abd al Malik: DANTE - GIBRALTAR

     …le temps presse et c’est pas repeindre les murs qu’il faut mais mettre la lumière dans les êtres…

    quand je croisais papa, le matin, aller travailler avec sa 102 bleue / en rentrant, le matin, de soirée, j’me disais “c’est un bonhomme mon vieux” / ensuite, j’me faufilais dans mes couvertures et j’dormais toute la journée / le style “Vampire” dormir la journée et rôder une fois le soleil couché / le genre de prédateur à l’envers, le genre qui à la vue d’un poulet meurt de peur …

    …circule petit, circule / Parce qu’on risque de t’écraser si on te voit pas petit / Tu sais beaucoup sont morts parce qu’ils étaient pas en accord avec eux-mêmes / Parce qu’ils voulaient juste être raccord avec le décor / Parce qu’on supporte pas de pas faire corps avec le reste / Avec le reste on se sent être, on se sent plus fier / C’est pas la rue en elle-même, c’est pas juste la cité HLM / C’est la perception qu’on a de nous à travers elle / C’est la perception qu’on a de nous-mêmes au travers d’elle…

    La rue est devenue le plus grand théâtre de l’absurde / Obscur comme ma peau dans le regard d’une ordure / Poétiser la merde n’en change pas la nature / Mais j’ai transcendé la banlieue avec ma plume / Le CID en version black appelle-moi Othello, / Style de rap expressionniste, comme Pablo époque bleue / J’ai le blues comme BB king / Ma bibliothèque, mes livres sont mes seuls bling bling. / Et tu le sais….

    …pourquoi toujours chercher ce qui nos separe?